Martes, Septiembre 07, 2010

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El misterio de la fiebre del tulipán: La flor del diablo. Reseña

Amsterdam. Siglo XVII

Leyendo una novela histórico-policíaca, La Flor del Diablo, he tenido una revelación. Tengo que ir a Amsterdam en primavera. Y no sólo por los coffe shops, los canales y el barrio rojo. Quiero respirar el aire de sus oscuras tabernas, escuchar el eco del empedrado en las calles viejas y contemplar sus vistosas alfombras de tulipanes a las afueras. Quiero beber cerveza donde se reunía la misteriosa Sociedad de los Admiradores del Tulipán y ver los escenarios de los extraños crímenes. Quiero saberlo todo sobre la fiebre del tulipán, entender por qué llevó al país a la bancarrota total y convirtió a una flor bellísima en, según los religiosos de la época, un instrumento del diablo.

Susana Ezquerro

En el antiguo Imperio Otomano (actual Turquía) el tulipán era muy apreciado, tenía connotaciones divinas. La palabra turca para tulipán contiene las mismas letras que la palabra Dios, Alah. Como no se podía representar a Dios en imágenes, utilizaban el tulipán como símbolo divino. Aparece en mezquitas, alfombras, palacios y hasta en el manto del emperador.

Cuentan que los tulipanes llegaron a los Países Bajos desde allí de una manera fortuita. Casualmente aparecieron unos bulbos en la mercancía de un barco mercante, entre unas telas. El mercader, tomándolos por cebollas, se las comió aliñadas, como se estilaba en la época. Le gustaron tanto, que enterró el resto en su huerto para tener una nueva cosecha de esas cebollas tan ricas al año siguiente. Cuál fue su sorpresa al cabo de unos meses, cuando aparecieron unas bellísimas flores entre los bancales.

Poco después, la próspera sociedad de los Países Bajos y su afición por las flores exóticas, contribuyeron a que los tulipanes se convirtieran en ostentosos símbolos de riqueza, como si fueran joyas.

Algunos tulipanes brotaban con extraños dibujos multicolores, lo que aumentaba aún más su valor en el mercado, puesto que la petulante alta sociedad de la época estaba dispuesta a pagar enormes sumas por ellos.

La escala de precios fue aumentando exponencialmente hasta alcanzar intercambios absurdos, como entregar una mansión de lujo por un bulbo; uno de los doce valiosísimos Sempra Augusta, con vistosos dibujos en blanco y rojo.

Los beneficios llegaban a veces al 500%, lo que contribuyó a que todo el mundo quisiera participar en un negocio que hacía ricos a los hombres de un día para otro. Los artesanos vendían sus talleres y herramientas, los comerciantes sus negocios, los asalariados hipotecaban sus casas… Todo el mundo arriesgó sus ahorros y pertenencias. La tulipomanía fue comparada con la fiebre del oro. Algunos dormían con sus flores, otros instalaron complicadas alarmas contra robos…

Sorprendentemente, la epidemia de peste bubónica de 1636, no hizo sino aumentar los precios, debido a la escasez de mano de obra.

Llegó un momento que ni tan siquiera se comerciaba con los bulbos, sino con las futuras flores de los próximas cosechas, mediante cartas de crédito, añadiendo al negocio un componente de riesgo no apto para cardiacos. El gobierno prohibió esta práctica, pero se siguió negociando en las tabernas con total impunidad, entre el humo y el alcohol. Fue llamado “el negocio del aire”, el precursor del actual mercado de futuros.

En 1637 se produjo el último gran negocio, se vendieron 99 tulipanes por una cantidad desorbitada, equivalente hoy día a ocho millones de euros. Al día siguiente, en la próxima subasta no hubo comprador para un pequeño lote por el precio de salida.

La burbuja había estallado. Se corrió el rumor de que los precios iban a bajar, y todo el mundo se lanzó a vender sin miramientos. Nadie compraba. Cundió el pánico.

El globo que había costado seis años inflar, se deshinchó en seis días. Las deudas contraídas para comprar tulipanes nunca podrían pagarse, los inversores habían vendido o hipotecado todo lo que poseían por unas flores que habían costado indecentes fortunas y ahora no valían absolutamente nada. Comerciantes, artesanos y pequeños inversores se fueron a la quiebra. Ni siquiera el tribunal de La Haya pudo hacer nada. La economía neerlandesa se colapsó y tardó años en recuperarse.

A pesar de que durante unos años los bulbos cayeron en desgracia (se representa en los grabados de la época como provenientes del diablo), hoy en día, Holanda controla el 70% de la producción de tulipanes del mundo.

Los holandeses tuvieron que esperar hasta el siglo XX, para saber por qué algunos bulbos presentaban ese extraño diseño multicolor. Irónicamente, se trataba de un virus, transmitido a través del pulgón. Los ejemplares que habían costado lujuriosas fortunas y que habían contribuido a aumentar desorbitadamente los precios, no eran sino flores enfermas.

Aún hoy se sigue investigando con las últimas tecnologías para conseguir una joya todavía hoy inalcanzable de forma natural: el tulipán negro. El día que se logre, valdrá una fortuna.

Esa idea se recoge en La flor del Diablo, donde una exclusiva sociedad, Los Admiradores del Tulipán, sigue reuniéndose unos años después de la tulipomanía. Tras cada reunión en la taberna, uno de sus miembros es asesinado. Todos sujetan en la mano unos misteriosos pétalos negros. El inspector Katoen seguirá la pista de un ejemplar de tulipán, extraño y peligroso, que fue robado en el Imperio Otomano y que parece haber caído en manos de los traidores a la nación, en un momento político y social extremadamente delicado.

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JAN MEINERT nació en 1975 en Colonia, Alemania. Es abogado, periodista y escritor. Ha escrito varias obras sobre poker, del que es un gran jugador desde sus primeros campeonatos en la universidad, pero Poker VIP ha sido la más aclamada. Trabaja como editor en la revista alemana Poker Olymp y acaba de terminar su última obra, esta vez como coautor, Next Level Poker. También administra el blog: nextlevelblog.net Seguir Leyendo

JAN MEINERT nació en 1975 en Colonia, Alemania. Es abogado, periodista y escritor. Ha escrito varias obras sobre poker, del que es un gran jugador desde sus primeros campeonatos en la universidad, pero Poker VIP ha sido la más aclamada. Trabaja como editor en la revista alemana Poker Olymp y acaba de terminar su última obra, esta vez como coautor, Next Level Poker. También administra el blog: nextlevelblog.net Seguir Leyendo

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Sí, el fin del mundo está de moda, al menos hasta el año 2012, fecha del supuesto fin del mundo según el calendario maya. A rebufo de este acontecimiento, digamos que relevante, en breve se estrenará en las salas la hipérbole hiperbólica del cine de catástrofes: 2012 de Ronald Emerich (Independence Day, El día de mañana).
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